Mostrando entradas con la etiqueta mundo. sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mundo. sociedad. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de diciembre de 2014

Nos guste o no, es Navidad

     A muchas personas no les gusta la Navidad, opinan que ablanda los corazones y que la solidaridad y el amor son sentimientos de todo el año, no van por épocas. Opinan que las personas no son ellas realmente en Navidad, que la gente que es solidaria lo es siempre y los que son cariñosos o desean decir te amo lo hacen independientemente del mes en el que estemos.

    Estoy de acuerdo, en parte. Claro que son sentimientos de todo el año, claro que las personas cariñosas pueden serlo siempre y claro que la solidaridad está presente sea el mes que sea. Sin embargo, creo que es necesario, no tiene por qué ser la Navidad, pero creo que el ser humano necesita una época en la que exprese más que nunca, en la que pueda soltar lo de todo el año. La Navidad no está hecha para las personas solidarias, cariñosas o que expresan su amor normalmente. Todo lo contrario, la Navidad está hecha para esas personas tímidas, hurañas o vergonzosas, está hecha para aquellas personas a las que no les sale un "te quiero" sin un empujoncito, está hecha para aquellas personas que durante el año no encuentran el momento de hacer un acto solidario, aquellas personas que desgraciadamente necesitan una razón para hacerlo. 

     Igualmente podría ser otra época del año u otra razón, pero ha sido así, ha sido a finales de año y ha sido la Navidad. Ha sido diciembre, ha sido el momento de hacer el balance del año, el momento de desear un año nuevo igual o mejor que el anterior, bueno igual no, siempre mejor. Ha sido el momento de reunir a la familia, el momento de reencontrarse con seres queridos. A lo mejor también la Navidad es el empujoncito para pedir perdón, ese perdón que nos cuesta tanto el resto del año, el empujoncito para recuperar viejas amistades. Ha sido diciembre y la magia del invierno, ha sido la nieve y el frío que te empuja a quedarte en casa, rodeado de un buen fuego y de las personas allegadas. Ha sido la Navidad y el poner el árbol con tu familia mientras escuchas villancicos, ha sido el momento de revivir tradiciones, el momento de dar regalos y el momento de recibirlos. Ha sido finales de año y el espíritu de empezar uno nuevo, el momento de tomar las uvas discutiendo con tu familia en qué canal verlas, y el momento de reír a la 1 de la mañana cuando llegue el año nuevo a Canarias.

     Nos guste o no, es Navidad, es invierno y es diciembre. Y ya que todos los años de nuestras vidas viviremos esta época, va a ser mejor que nos vayamos acostumbrando.


Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo.

domingo, 26 de octubre de 2014

Una sonrisa vale más que mil palabras

No sé por qué quiero escribir, no sé por qué necesito escribir, a veces parece que escribiendo las cosas se hacen realidad, parece que si plasmas tus deseos en un papel o en la pantalla de un ordenador alguien los va a leer y va hacer que se cumplan. Otras veces no son deseos lo que plasmas, otras veces simplemente no te crees lo que sientes, y parece que si lo escribes se hace realidad, parece que si transformas los sentimientos en palabras es que son verdaderos, es que de verdad los sientes. 

Y es que lo complicado es eso; transformar los sentimientos en palabras. Eso es lo realmente difícil, porque, ¿cómo describo esa sonrisa estúpida que se me dibuja sola en la cara cuando me dices lo guapa que estoy? Cómo ser capaz de expresar con palabras el sentimiento que recorre todo mi cuerpo cuando me susurras al oído, cómo explicar con simples caracteres el vuelco que me da el corazón al saber que son tus brazos los que me rodean la cintura en un abrazo sorpresa. 

Cómo puedo hacer entender que las lágrimas que recorren mis mejillas cuando escribo esto son lágrimas de pura felicidad, cómo puedo yo demostrar que llorar no siempre es malo, que llorar me desahoga, que llorar de amor, de felicidad, es un sentimiento tan placentero como el del beso más deseado. Cómo puedo yo explicarte que mi amor por ti sobrepasa cualquier límite ahora mismo, cómo puedo expresar mi amor con un simple verbo. 

Y es que a lo mejor el problema es que no existen palabras para tales sentimientos, no existe suficiente conocimiento humano para que esta sonrisa y estas lágrimas se conviertan en palabras, porque simplemente una sonrisa vale más que mil palabras.




domingo, 28 de septiembre de 2014

Es sabido por todos que la vida no es justa

         Pienso en mi futuro como profesora y no sé decir qué quiero de él, pero estoy bastante segura de lo que no quiero, y es que mis alumnos se lleven de mí un mal sabor de boca como el que yo me he llevado al salir del instituto. Por desgracia, todos en general tenemos tendencia a acordarnos más de las cosas malas que de las buenas, y aunque yo no quiero olvidar todo lo bueno que he pasado en mis años de  secundaria, no puedo evitar que lo primero que venga a mi mente al pensar en el instituto sea la injusticia cometida en mi último año de bachillerato.

            Los seis años que he pasado en el instituto han estado llenos de buenos y malos momentos, pero sobre todo han estado llenos de dedicación, tanto a mis estudios como al centro. He participado en todo lo que se ponía por delante e incluso he organizado actividades. He sido alumna ayudante, mediadora, he participado en los concursos de lectura, en la hora 31, en las actividades deportivas, he tenido buena relación con compañeros y profesores, he sido delegada de clase, me he presentado al consejo escolar… Y después de dar todo esto, cuando más importancia tenía recibir algo a cambio, me descubro dada de lado por todos a los que yo había ayudado.

            Sin embargo, no confundáis mis palabras, pues yo no hice nada de esto esperando algo a cambio, ni estaba pidiendo un favor al reclamar mi matrícula de honor, simplemente reclamaba lo que era mío, y que todavía sigue siendo mío, por el esfuerzo realizado durante todo el curso de segundo de bachillerato, que ya sabemos que no es fácil para nadie. Me he dado cuenta que la vida no es justa, que lo que es mío pueden dárselo a otro, y lo harán, si tienen el poder necesario.


            Lo único que espero es que alguna vez pueda mirar mi instituto y sonreír otra vez por los buenos momentos vividos en él, sin que el recuerdo de una injusticia cometida por otros arruine lo que yo he construido por mí misma.

martes, 24 de junio de 2014

La espera ha llegado a su fin

   Nervios y esperanza son los sentimientos que os preceden antes de mirar la nota. Nerviosos por saber cuanto antes si conseguís aquello que queréis, esperanza de entrar en aquella carrera que tanto deseáis, y que lleváis todo bachillerato esforzándoos por conseguir. Pues bien, ya lo sabéis, la espera ha llegado a su fin, pero desgraciadamente no todos os sentiréis igual. Sentimientos de tranquilidad porque todo ha pasado, pero tranquilidad acompañada de muchas cosas: alegría, tristeza, frustración…

    Enhorabuena a aquellos que habéis sonreído al ver vuestra nota, una sonrisa de sueños cumplidos, de esfuerzo merecido, una sonrisa que os hará pisar fuerte allá por donde vayáis, una sonrisa cargada de proyectos y futuro. Incluso puede que hayáis derramado lágrimas de felicidad.

    Pero no todos habéis sonreído, vuestras lágrimas no eran de felicidad, sino de frustración, de tristeza, de pena, de pensar qué habéis hecho mal, en qué os habéis confundido, lágrimas acompañadas de abrazos que no saben cómo animaros, cómo hacer que no os derrumbéis. Lágrimas por no haber llegado por una décima a aquello con lo que soñabais y en lo que habéis puesto tanto esfuerzo.

     No sé si esto os reconfortará, pero sabed que no sois los primeros, que antes de vosotros muchas más décimas puñeteras impidieron a muchos llegar a su sueño, pero se lo impidieron en ese momento, en esa primera oportunidad, no os confundáis, porque si de verdad es vuestro sueño, una nota no os impedirá llegar a él, tarde o temprano lo conseguiréis, no os vengáis abajo pensando que el esfuerzo no sirve para nada, sí sirve. El esfuerzo es lo que os llevará hasta ese sueño, llegar a la Luna no es fácil, pero en cada escalón estás un poco más cerca. No os atasquéis pensando qué habéis hecho mal y mirando atrás, mirad hacia delante, pensad vuestro siguiente paso porque el futuro es vuestro, diga lo que diga una simple nota de Selectividad.


viernes, 30 de mayo de 2014

Escuela fábrica. Frato

    Llegué contento y feliz a mi primer día de clase. Aquel colegio parecía el mejor sitio al que podía ir mientras mis padres trabajaban y el mejor lugar donde formarme y ser algún día un gran profesor. Además, allí había más niños y niñas, todos sonriendo como yo, y todos con tantas ganas de jugar y aprender como yo. Éramos todos tan iguales y tan diferentes a la vez. Aquel lugar prometía ser como un segundo hogar.

    Al principio todo iba bien, jugábamos y aprendíamos aunque estábamos siendo evaluados continuamente. Todo el rato diciéndonos qué hacer o dónde ir. Éramos niños pequeños pero eso no significaba que no supiéramos elegir. Eso es, el problema es que nadie nos daba nunca a elegir, las cosas venían dadas y no podíamos discutirlas. Algunos de mis compañeros eran excluidos. Los profesores se los llevaban a clases diferenciadas o los diagnosticaban de retraso o necesidades especiales, como a mi amigo Eduardo. Yo no le notaba nada diferente. Le ayudaba alguna vez que le costaba más pero nunca pensé que necesitara estar aislado del mundo. Los profesores nos hacían creer que era por su bien, que aprenderían de otra manera más adecuada para ellos. Hoy sé que mentían, pues he vuelto a ver a Eduardo y otros compañeros como él, y en las clases donde estaban les trataban como si no supieran aprender, como si tuvieran que darles todo "masticadito" y así no tener que hacer esfuerzos. Pero ellos querían esforzarse, querían estar en las clases con el resto de nosotros, y no ser tratados como los residuos de la escuela.Yo me mantenía en el colegio. Y a pesar de los intentos del sistema educativo por evitarlo, cada vez iba siendo más consciente de lo que ocurría. Estábamos siendo fabricados, no educados. Era como crearnos de nuevo. Todos aquellos niños y niñas que vi felices y diferentes el primer día, eran ahora copias frustradas unos de otros. Destruían todo lo que teníamos en nuestro interior que pudiera impedir la fabricación para así inyectarnos los conocimientos establecidos y empezar de cero. Todos aquellos que se desviaban un poco de la trayectoria elegida, eran apartados como Eduardo. Letras, números, fechas y mapas que nos metían en nuestros cerebros y que luego vomitábamos en un examen.

Mis padres no entendían qué me pasaba, y es que estaba realmente confundido. Yo quería confiar en mis profesores, quería de verdad ser como ellos en mi futuro. Pero luego pensaba, y es que realmente no quería hacer con unos niños lo que ellos estaban haciendo conmigo y con mis compañeros. No quería una clase de borreguitos acatando órdenes y con los mismos pensamientos. Prefería que se me abalanzasen encima cargados de "por qués" antes que verles sentados obedeciendo sin rechistar. Y al verme tan confundido mis padres quisieron involucrarse en la escuela, querían ser parte de ella y ayudarme a pasar por lo que estaba pasando. Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando prácticamente les cerraron las puertas del colegio. ¿En qué cabeza cabe eso? ¿Cómo puedes negar la entrada a unos padres que quieren participar en la educación de su hijo? Al fin y al cabo, ellos forman una parte más que importante en mi educación y aquellos que decían estar educándome les negaban la entrada. Entonces entendieron todo, entendieron en qué se había convertido el sistema educativo y me ayudaron a mantenerme firme y fuerte, a hacerle frente a todo aquello que intentaran imponerme, a ser fiel a mis ideas y a mis principios.

    En el último curso todos los alumnos estábamos ya fabricados listos para salir a la calle, para salir al mundo y poner rumbo al bienestar y a una gran carrera. Posiblemente sí estábamos preparados para afrontar la vida, pero ¿qué clase de vida? ¿Qué haríamos cuando alguien nos diera la oportunidad de elegir si no lo habíamos hecho nunca? ¿Qué pasaría si nuestro hijo fuera como Eduardo? ¿Tendríamos entonces que apartarle de nosotros y del resto del mundo? ¿Cómo íbamos a enamorarnos si todos fueran exactamente iguales que nosotros? ¿De qué hablaríamos con nuestros amigos si todos pensáramos igual? ¿Acaso se acabarían las guerras si todos aspiráramos a lo mismo? ¿Qué pasaría con la riqueza del multiculturalismo y de la diversidad?Esta será la educación que mis hijos reciban si no hago nada por evitarlo. Desgraciadamente serán educados en una "escuela fábrica" como la que plantea Frato en esta ilustración y como la que yo experimenté. Y a pesar de todo, creo que puedo decir que yo sobreviví al sistema educativo.


jueves, 29 de mayo de 2014

Esa sensación que te aleja de la realidad

      Estás deseando que llegue este momento, el momento en el que te montas en el tren, te sientas y ya solo estáis tú y él, nada más. Te sumerges en sus palabras y no puedes concentrarte en otra cosa que no sea la historia que te está contando. Pierdes la noción del tiempo y te mueves de manera totalmente automática. Por pura rutina tu cuerpo sabe qué tren ha de coger o dónde ha de bajarse, pero tu mente está mucho más lejos, está pensando en esa historia suspendida por el transbordo de la estación. Y cuando vuelves a sentarte la historia se retoma, todavía tienes tiempo para seguir disfrutando de sus palabras. Tienes esa sensación de estar sola en el mundo, de no saber en qué día vives o dónde estás, no sabes qué hora es, ni si es por la mañana o por la tarde, tienes que pararte a pensar un momento para poder situar tu vida ese instante porque sus palabras hacen que te alejes de la realidad completamente. Te das cuenta de que solo queda una estación para despedirte de él, de su interesante historia y de la magia que transmite.


       Entonces llega el momento menos deseado, megafonía anuncia la parada, y no tienes más remedio que cerrar el libro y continuar con la vida real.

martes, 8 de abril de 2014

La mejor manera de morir es haber vivido

        ¿Cómo tratar el tema de la muerte con un niño si todavía como adultos nos cuesta entenderlo? Quizá el problema sea ese, que intentamos entenderlo, intentamos controlarlo todo y la muerte es algo incontrolable, algo ajeno a nosotros que no avisa. Nos sentimos tan frustrados, tristes y enfadados con el mundo cuando perdemos un ser querido por no haber tenido la oportunidad de despedirnos, nos arrepentimos de haberle dicho esto o no haberle dicho aquello. Ponemos en un pedestal a aquellos que ya no están, y no es que no se lo merezcan después de fallecer, pero, ¿acaso no lo merecían estando con vida? ¿Por qué no le dijiste lo mucho que le querías cuando tenías oportunidad? ¿Por qué esperas y sigues esperando hasta que ya no hay remedio? Cometemos este error todos los días, todos los seres humanos, generación tras generación seguimos cometiendo el error de pensar que la muerte nos avisará, que la veremos venir, que veremos acercarse su túnica negra para amablemente pedirnos que la acompañemos. Pero no, no es así.


            Por eso yo creo que el mejor punto de vista para tratar la muerte con los niños es enseñarles la vida, hacerles entender que para morir tenemos que vivir, y que la vida es amar, respetar y disfrutar. Que no se queden con ganas de hacer algo, de dar las gracias o de pedir perdón. Que no esperen al último momento o a la próxima vez para decir a alguien aquello que desean, porque quizá no haya "próxima vez", y entonces les embargará el sentimiento más horrible y sin remedio: el arrepentimiento.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Un olor de finales de invierno

El cielo está azul, pequeños algodones blancos rompen su uniformidad, pero no deja de verse igual de hermoso. El sol brilla con gran intensidad, no para dar un calor insoportable sino para llenar nuestra vida de luz y así iluminar nuestra sonrisa. Incluso podemos oír a los pajaritos felices, entonando sus agudas melodías, se hablan entre ellos, unos a otros se preguntan y contestan, y con sus conversaciones ponen música de fondo a nuestra vida. Los niños ya juegan en el parque, sus madres les piden que no se alejen y que tengan cuidado pero ellos no escuchan, solo disfrutan de los rayos de sol y de la comodidad de no necesitar el abrigo. Disfrutan por fin de poder salir a jugar a la calle. También los ancianos salen a pasear y con sus bastones recorren distancias impensables en los fríos y lluviosos días de hace unos meses. El horizonte parece estar más lejos que de costumbre, conforme sale el sol, la línea del horizonte se aleja para dejarnos ver más allá y permitirnos imaginar mucho más lejos todavía. La hierba está muy verde y hoy ese verde está más vivo que nunca, las briznas brillan a la luz del sol del mediodía y suavemente bailan al son de la brisa que las mece. Algunas parejas salen a pasear, disfrutan del buen tiempo y muestran su amor a la naturaleza, que juega alborotando el pelo de ella para que luego él se lo coloque con dulzura detrás de su oreja, y tras un beso cariñoso, tímido, sincero, siguen paseando de la mano bajo el agradable sol de Marzo. Las primeras flores empiezan a asomar en las ramas de los almendros, pequeñas flores blancas y rosas, vergonzosas salen poco a poco, primero unas, las más valientes, pero pronto se ven acompañadas por toda una copa tintada de blanco. Los viadantes disfrutan de su olor, y se impregnan con la tranquilidad que este desprende. Los alérgicos maldicen no poder disfrutarlo, sin embargo, incluso ellos se acercan hasta las flores pues no pueden permitirse perderse tal perfección de la naturaleza, solo una vez, un poquito y muy rápido, pero lo suficiente para llevarse consigo un olor inolvidable, un olor a finales de invierno, un olor que anuncia la llegada de la primavera.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Through the window

La vida no estan gris como nos parece a veces, tan solo tienes que aprender a mirar por la ventana correcta.


jueves, 6 de febrero de 2014

Las pequeñas cosas de la vida

¿Os imaginais disfrutando de las pequeñas cosas de la vida? Posiblemente estéis pensando que ya lo haceis... pero lo más probable es que esteis equivocados.

Vivimos atados a un reloj, un reloj que desgraciadamente no cuenta cada minuto que disfrutamos sino cada segundo que "perdemos". Y es que este reloj nos marca la vida, nos establece unos horario estrictos que debemos cumplir o perderemos nuestro trabajo, llegaremos tarde a clase o quizá incluso se nos olvidaría el día en que vivimos, ¡qué tragedia!

Disfrutar de las pequeñas cosas de la vida no es relajarte leyendo en el metro camino de la universidad, porque es un estado de relajación falso, en realidad estás en tensión para bajarte en la parada correcta porque si te pasas la estación te frustrarás, tendrás que bajarte y coger el metro en sentido contrario para recorrer las paradas que te hayas pasado, bajarte e ir corriendo para no llegar tarde a clase, todo el rato pendiente de ese reloj que te dirige la vida.

Disfrutar los detalles del día a día no es darte un respiro tomándote un café entre informe e informe en la máquina de la oficina, porque estás pensando en todo lo que te queda por hacer, estás pendiente de cuándo viene tu jefe, y una vez más, estás pendiente de ese reloj que te dirige la vida.

Disfrutar las pequeñas cosas de la vida no es llegar a casa del trabajo, comer con prisas y seguir trabajando en casa, mintras una niñera u otra persona se hace cargo de tus niños porque trabajas demasiado y no tienes tiempo para ellos, siempre pendiente de ese reloj que te avisa de cada conferencia y cada viaje, ese reloj que, una vez más, es quien dirige tu vida.

Para disfrutar de verdad las pequeñas cosas de la vida lo que tenemos que empezar a hacer es muy sencillo, se trata simplemente de VIVIR.

Vivir es sentir la lluvia en nuestra piel, dejar que moje nuestro pelo mientras cae por nuestra cara. Es reírnos de nuestros errores en vez de arrepentirnos porque se nos ha olvidado el paraguas. Vivir es escuchar los latidos de nuestro corazón, sentirnos vivos y respirar profundamente orgullosos de poder disfrutar un día más. Vivir también es estar enamorados, y sentir cómo se nos acelera el corazón al ver a esa persona. Vivir es gozar cada minuto en compañía de nuestras amistades y nuestra familia. Vivir es coger de la mano a quien queremos cuando nos apetece, y decir a esa persona especial que la amamos, sin importarnos lo que venga después, es no tener miedo al rechazo o a equivocarse. Vivir es llevar a un niño pequeño al parque y disfrutar de su infancia, e inconscientemente anhlear la nuestra.

Pero vivir es muchas otras cosas. Vivir también es derramar lágrimas, es estar triste o estar enfadado. Vivir también es cometer errores y aprender de ellos. Vivir también es sufrir de desamor y estar enfadado con el mundo cuando parece que nada te sale bien. También es fallar en aquello que queríamos conseguir, pero también es volvier a intentarlo y no rendirse.

Y aunque no queramos reconocerlo, vivir también es morir, y por ello tenemos que disfrutar las pequeñas cosas de la vida, porque cuando ya no podamos hacerlo, será cuando nos arrepintamos, y, ¿sabéis qué? En ese momento ya no habrá vuelta atrás.


sábado, 11 de enero de 2014

Carta a una maestra

  Fragmento del libro: Carta a una maestra, Alumnos de la escuela de Barbiana. En este libro los alumnos se dirigen a los profesores para protestar y hacer ver los errores que estos cometen y con los que están descontentos:

No se le permite al tornero hacer su trabajo de cualquier manera y entregar sólo las piezas que le han salido bien, si no, no haría nada para que todas salieran bien. Por el contrario, vosotros sabéis que podéis apartar las piezas cuando os plazca. Es por ello que os contentáis con mirar lo que hacen los que obtienen buenos resultados por motivos ajenos a vuestra enseñanza. […] Si tuvierais que hacer que todo lo alumnos aprobaran todas las asignaturas, seguro que os levantaríais por la noche para inventaros métodos nuevos.

martes, 19 de noviembre de 2013

Dos minutos

Dos minutos, dos minutos tienes de libertad entre una asignatura y otra. Dos minutos antes de irte a dar clase, a recibirla o a ambas. Dos minutos para pensar en nada mientras se pone el semáforo en verde. Dos minutos relajándote para volver a la batalla. Dosminutos que aprovechas para escribir cuatro palabras sueltas. Dos minutos y.. el tiempo se ha acabado.

Somos jóvenes, podemos conseguir esto y más, si otros han podido nosotros también, yo también. 

Es ahora o nunca.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Un vagón de tren y miles de historias

    Me siento en un vagón de tren, y entonces me doy cuenta de que a mi alrededor no solo hay personas sentadas en incómodos asientos, sino que estoy rodeada de decenas de destinos diferentes, cientos de pensamientos... estoy rodeada de historias.

   Me pongo a observar a mi alrededor y es curioso como las personas más jóvenes aprovechan el viaje en metro para entretenerse de alguna manera, no están quietas, aprovechan cada minuto del viaje para algo: unas leen, otras estudian, otras chatean, otras escuchan música... Sin embargo, aquellas personas que ya tienen el cabello plateado o incluso color nieve, van tranquilas, mirando por la ventana, sus tareas ya no van tan apresuradas, ya no tienen prisa, sus pasos son tranquilos, sus vidas ya no son una carrera, sino que se han convertido en un agradable paseo.

   Un chico joven sentado en frente de mí escucha música con sus auriculares proveniente de algún aparato que no veo, pues está en su bolsillo. Él la escucha, pero es como si yo la escuchara también, yo y el resto del vagón pues va haciendo el ritmo de sus canciones con los nudillos sobre el asiento. Él siente la música que escucha de verdad, es posible que toque la guitarra, ahora está tocando una imaginaria, con los ojos cerrados rasga las cuerdas en el aire. Quizá en su cabeza esté en medio de un gran concierto, cuando abra los ojos volverá a la realidad, de momento, él disfruta, mejor permanecer en su propia realidad. Diría que está escuchando rock o heavy metal, pero las apariencias engañan y a lo mejor está escuchando algo de música clásica o flamenco incluso.

   A su lado va otra chica, más tranquila, de origen marroquí, pues un velo le cubre la cabeza, bien maquillada y sonriente mira por la ventana, pero de repente el paisaje exterior se vuelve oscuridad, ya no se ve nada pero ella no aparta la vista de la ventana, esta oscuridad no puede durar siempre, y tiene razón, porque poco después llegamos a una estación, la luz ya no es la del sol sino que es artificial, pero le deja ver el nombre de la estación, entonces reacciona y por primera vez aparta la vista de la ventana, me pide paso y sale. Una historia sale del vagón de tren y otras tantas entran, otra historia que se cruza en mi vida, quizá deje huella o quizá no, o quizá la deje y no me dé cuenta hasta que sea necesario, o quizá nunca me dé cuenta y esa historia se me olvide al dejar de mirarla.

   Un cambio de tren, todas las historias cambian conmigo, pero hay tantas juntas que nos mezclamos y perdemos a lo largo del andén. Cuando entro al nuevo vagón y me siento, para mi sorpresa, el chico del concierto vuelve a estar a mi lado, vuelve a cerrar los ojos y siente su música, solo espero que no se pase la estación donde debería bajarse. 

   Poco después le pierdo, pues llego a mi destino, me bajo del tren, me despido de todas esas historias con una sonrisa y me siento en un banco del andén. Todos se extrañan de que no me vaya, se extrañan más cuando ven que dejo pasar un tren, y otro, y otro más. Yo los observo y escribo, y le busco con la mirada. Tan solo estoy esperando esa historia que corresponde con la mía, la historia me complementa. 

   Simplemente espero esta historia: la que acaba de llegar y me ha saludado con un dulce beso en los labios.

martes, 3 de septiembre de 2013

Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por culo?

   Toda mi vida he querido ser maestra, me apasionaba desde pequeña la sensación de ser yo quien iba a enseñar a los niños algo tan simple y necesario como leer o escribir, ser yo la que iba a estar en los años formativos de su vida, los años más importantes, donde nos conformamos como personas, aprendemos lo que está bien y lo que está mal, aprendemos a hacer amigos y a afrontar nuestros primeros problemas en la vida, aunque sean tan simples como no tener lápices de colores o no poder sentarte con tu mejor amigo. Siempre he pensado que la profesión que elegía era importante para todos, y no digo que haya profesiones prescindibles, pero sí que un buen maestro es imprescindible en la vida de todo humano.

    Pues bien, entonces, ¿por qué es menospreciada de esta manera? Me empecé a dar cuenta cuando se lo decía a mis profesores y me lo desaconsejaban, me decían frases como: "no sabes dónde te metes", "ppfff, no te lo recomiendo" o "con las notas que tienes, no hagas eso por favor". Yo me preguntaba que por qué ellos eran profesores si no disfrutaban con su trabajo, por qué habían decidido ser educadores si les parecía lo peor. Decidí que quería ser maestra por encima de todo cuando llegué a quinto de primaria, tuve una profesora maravillosa que me hizo ver que había esperanza, que si se hacía bien, si conseguía ser una buena maestra conseguiría buenos alumnos, buenas personas al fin y al cabo. Gracias a aquella profesora, Marisa, hoy voy a empezar Magisterio en Educación Primaria.

    Y me entristece que mis propios amigos menosprecien lo que voy a estudiar, los mismos que luchan hoy en día por una educación pública de calidad, los mismos que salen a la calle a defender su educación y a sus profesores después se ríen y hacen bromas del tipo: "y ahí qué te enseñan, ¿a moldear plastilina?". Esos que envidian la educación en los países nórdicos, donde los profesores son respetados por encima de todo y necesitan las notas más altas en las pruebas de acceso, aquí menosprecian a los suyos, y se ríen de los que entramos a esa carrera con una de las notas más bajas, se ríen de los que intentamos llegar a eso algún día, llegar al día en que la educación sea lo primero y no la política o el dinero lo muevan todo, se ríen de los que creemos que todavía podemos cambiar las cosas.

    Y yo les pregunto: ¿De verdad creéis que el cambio educativo es posible menospreciando a los jóvenes que intentamos llegar a él? ¿No deberíamos tener todos el pensamiento de apoyar a los nuevos profesores? ¿Apoyar a las nuevas generaciones? Al fin y al cabo somos los únicos que podemos hacer de este mundo otro mundo posible. Y sé que lo sabéis porque erais vosotros los que cantabais en las manifestaciones por la educación, gritos como: "Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por culo?"

lunes, 13 de mayo de 2013

¿Por qué no disfruté la vida?

   Hoy en día la televisión ocupa una parte sustancialmente importante en la vida cotidiana y social de las personas. Desgraciadamente, todos pasamos demasiado tiempo en compañía de este aparato.

   Nos levantamos por la mañana y vemos el telediario mientras desayunamos sin apenas saborear lo que comemos, pasamos todo el día fuera de casa estudiando o trabajando, volvemos y vemos alguna serie estúpida durante la comida, por la tarde algún programa donde observamos a gente gritándose unos a otros, y alguna otra serie policíaca con violencia y asesinatos antes de dormir. Si hay suerte y quedamos con algún amigo, probablemente vayamos al cine o veamos una película en casa, y el comentario al terminarla será toda la relación que tengamos con otras personas. 

   Debemos abandonar por un momento esa caja mágica que nos absorbe la vida y sustituye nuestras experiencias por experiencias virtuales. Salir a la calle, sentir cómo nos moja la lluvia o acariciar la hierba de un parque debería ser siempre real. No deberíamos ver esa preciosa velada romántica a través de una pantalla, sino llamar a esa persona especial y crear la nuestra.

   Algún día nos daremos cuenta de lo que estamos perdiendo. Algún día, estando sentados en el sofá, cuando ya no podamos salir a correr y saltar porque tengamos demasiados años encima, nos arrepentiremos y nos preguntaremos: ¿por qué no disfruté mi vida en vez de observar la de personajes ficticios en la pantalla de la televisión?

miércoles, 6 de marzo de 2013

Mundo actual

Vivimos en un mundo donde el mal político se hace rico, y al buen escritor lo llaman soñador