jueves, 19 de septiembre de 2013

Un vagón de tren y miles de historias

    Me siento en un vagón de tren, y entonces me doy cuenta de que a mi alrededor no solo hay personas sentadas en incómodos asientos, sino que estoy rodeada de decenas de destinos diferentes, cientos de pensamientos... estoy rodeada de historias.

   Me pongo a observar a mi alrededor y es curioso como las personas más jóvenes aprovechan el viaje en metro para entretenerse de alguna manera, no están quietas, aprovechan cada minuto del viaje para algo: unas leen, otras estudian, otras chatean, otras escuchan música... Sin embargo, aquellas personas que ya tienen el cabello plateado o incluso color nieve, van tranquilas, mirando por la ventana, sus tareas ya no van tan apresuradas, ya no tienen prisa, sus pasos son tranquilos, sus vidas ya no son una carrera, sino que se han convertido en un agradable paseo.

   Un chico joven sentado en frente de mí escucha música con sus auriculares proveniente de algún aparato que no veo, pues está en su bolsillo. Él la escucha, pero es como si yo la escuchara también, yo y el resto del vagón pues va haciendo el ritmo de sus canciones con los nudillos sobre el asiento. Él siente la música que escucha de verdad, es posible que toque la guitarra, ahora está tocando una imaginaria, con los ojos cerrados rasga las cuerdas en el aire. Quizá en su cabeza esté en medio de un gran concierto, cuando abra los ojos volverá a la realidad, de momento, él disfruta, mejor permanecer en su propia realidad. Diría que está escuchando rock o heavy metal, pero las apariencias engañan y a lo mejor está escuchando algo de música clásica o flamenco incluso.

   A su lado va otra chica, más tranquila, de origen marroquí, pues un velo le cubre la cabeza, bien maquillada y sonriente mira por la ventana, pero de repente el paisaje exterior se vuelve oscuridad, ya no se ve nada pero ella no aparta la vista de la ventana, esta oscuridad no puede durar siempre, y tiene razón, porque poco después llegamos a una estación, la luz ya no es la del sol sino que es artificial, pero le deja ver el nombre de la estación, entonces reacciona y por primera vez aparta la vista de la ventana, me pide paso y sale. Una historia sale del vagón de tren y otras tantas entran, otra historia que se cruza en mi vida, quizá deje huella o quizá no, o quizá la deje y no me dé cuenta hasta que sea necesario, o quizá nunca me dé cuenta y esa historia se me olvide al dejar de mirarla.

   Un cambio de tren, todas las historias cambian conmigo, pero hay tantas juntas que nos mezclamos y perdemos a lo largo del andén. Cuando entro al nuevo vagón y me siento, para mi sorpresa, el chico del concierto vuelve a estar a mi lado, vuelve a cerrar los ojos y siente su música, solo espero que no se pase la estación donde debería bajarse. 

   Poco después le pierdo, pues llego a mi destino, me bajo del tren, me despido de todas esas historias con una sonrisa y me siento en un banco del andén. Todos se extrañan de que no me vaya, se extrañan más cuando ven que dejo pasar un tren, y otro, y otro más. Yo los observo y escribo, y le busco con la mirada. Tan solo estoy esperando esa historia que corresponde con la mía, la historia me complementa. 

   Simplemente espero esta historia: la que acaba de llegar y me ha saludado con un dulce beso en los labios.

martes, 3 de septiembre de 2013

Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por culo?

   Toda mi vida he querido ser maestra, me apasionaba desde pequeña la sensación de ser yo quien iba a enseñar a los niños algo tan simple y necesario como leer o escribir, ser yo la que iba a estar en los años formativos de su vida, los años más importantes, donde nos conformamos como personas, aprendemos lo que está bien y lo que está mal, aprendemos a hacer amigos y a afrontar nuestros primeros problemas en la vida, aunque sean tan simples como no tener lápices de colores o no poder sentarte con tu mejor amigo. Siempre he pensado que la profesión que elegía era importante para todos, y no digo que haya profesiones prescindibles, pero sí que un buen maestro es imprescindible en la vida de todo humano.

    Pues bien, entonces, ¿por qué es menospreciada de esta manera? Me empecé a dar cuenta cuando se lo decía a mis profesores y me lo desaconsejaban, me decían frases como: "no sabes dónde te metes", "ppfff, no te lo recomiendo" o "con las notas que tienes, no hagas eso por favor". Yo me preguntaba que por qué ellos eran profesores si no disfrutaban con su trabajo, por qué habían decidido ser educadores si les parecía lo peor. Decidí que quería ser maestra por encima de todo cuando llegué a quinto de primaria, tuve una profesora maravillosa que me hizo ver que había esperanza, que si se hacía bien, si conseguía ser una buena maestra conseguiría buenos alumnos, buenas personas al fin y al cabo. Gracias a aquella profesora, Marisa, hoy voy a empezar Magisterio en Educación Primaria.

    Y me entristece que mis propios amigos menosprecien lo que voy a estudiar, los mismos que luchan hoy en día por una educación pública de calidad, los mismos que salen a la calle a defender su educación y a sus profesores después se ríen y hacen bromas del tipo: "y ahí qué te enseñan, ¿a moldear plastilina?". Esos que envidian la educación en los países nórdicos, donde los profesores son respetados por encima de todo y necesitan las notas más altas en las pruebas de acceso, aquí menosprecian a los suyos, y se ríen de los que entramos a esa carrera con una de las notas más bajas, se ríen de los que intentamos llegar a eso algún día, llegar al día en que la educación sea lo primero y no la política o el dinero lo muevan todo, se ríen de los que creemos que todavía podemos cambiar las cosas.

    Y yo les pregunto: ¿De verdad creéis que el cambio educativo es posible menospreciando a los jóvenes que intentamos llegar a él? ¿No deberíamos tener todos el pensamiento de apoyar a los nuevos profesores? ¿Apoyar a las nuevas generaciones? Al fin y al cabo somos los únicos que podemos hacer de este mundo otro mundo posible. Y sé que lo sabéis porque erais vosotros los que cantabais en las manifestaciones por la educación, gritos como: "Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por culo?"

miércoles, 10 de julio de 2013

Olas perdidas

    ¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas olas habrán llegado a la orilla del mar desde que el mundo es mundo? ¿Cuál fue la primera ola? ¿Habrá una última ola? Y si la hay, ¿cómo será? ¿Será acaso especial? ¿Sabremos que es la última? Quizá cada ola que vemos podría ser la última... entonces, ¿por qué nos lo tomamos como si siempre fuera a haber otra ola después? ¿Por qué no aprovechamos cada ola como si fuera la última? ¿Por qué nos limitamos a esperar que llegue otra mejor? ¿Y si no llega?

  Decenas de personas llegan a nuestra vida, cientos de oportunidades, miles de segundos cada día y millones de minutos a lo largo de nuestra vida... todo ello, al igual que las olas, es menospreciado. Esperamos lo siguiente, preferimos coger el siguiente tren, pero ¿qué pasa si no llega otro tren? ¿Qué haremos? No podemos dejar de aprovechar cada oportunidad y cada minuto de nuestra vida como si fuera el último, porque quizá lo sea.


   Por ello, báñate con cada ola que llegue a tu playa y sobre todo, no menosprecies nada de lo que tengas, porque quizás nunca vuelvas a ver la espuma de una ola chocando en tu orilla.

jueves, 23 de mayo de 2013

Graduación 2ºBachillerato



       Septiembre de 2007. Alumnos de 12 años entramos por primera vez a la que será nuestra segunda casa durante los próximos 6 cursos. Somos los más peques, también en altura, y nos sentimos algo indefensos, aunque se nos pasará en un año cuando veamos que estando en segundo de la ESO ya tenemos a alguien por debajo. Llevamos dos años en el instituto y pensamos en que nos quedan 4 más que pasarán lentos, pero luego, cuando lleguemos a segundo de bachillerato nos daremos cuenta de que han pasado mucho más rápido de lo que pensábamos.

  2009. Tercero de la ESO. Ahora sí que nos sentimos importantes, estamos en el que dicen que es el curso más difícil y además nos han puesto taquillas y aulas materia, haciéndonos creer que estamos en un colegio americano de las películas, pero no nos engañemos, seguimos en Rivas Vaciamadrid, aunque para nosotros esto sea como Hollywood. Este años nos vamos a esquiar a Astún con la canción del esquiador que todavía recordamos Jaime.

   Cuarto de la ESO, para muchos es el último curso, pero para todos los que estamos aquí es solo el final de una etapa, una etapa que terminó justo hace dos años con otra graduación. Viaje inolvidable de fin de curso a Roma, con recuerdos que no se borrarán nunca.

   Pasamos a bachillerato y nos presentan a Selectividad, que nos agobiará con la nota y lo que queremos estudiar. Por favor dejadnos respirar, lo único que nos importa este año es que podemos salir fuera del insti en el recreo. A pesar de todo, nos mantenemos firmes a la ley del más vago, ya sacaré buena media en segundo… no sabíamos lo que decíamos.

Y por fin hace unos 8 meses comenzaba la pesadilla de segundo de bachillerato, que como todo sueño, se acaba. Las primeras semanas fueron más tranquilitas y nos recordaban a primero, pero luego llegó la primera semana de exámenes con la evaluación un mes antes que el resto del instituto. Creo que mis compañeros estarán de acuerdo conmigo cuando digo que lo peor era seguir dando clase después de una semana de exámenes. Estábamos acostumbrados a irnos de vacaciones después de que nos dieran las notas. Va pasando el curso y hacemos lo que podemos. Tenemos que estudiar demasiadas horas pero no podemos dejar de tener vida social porque somos adolescentes, y por eso mismo, todos hemos hecho deberes los domingos por la tarde. 

Se va acercando el final. Cuando nos vamos de vacaciones en Semana Santa, sabemos que al volver será la recta final y ya no habrá vuelta atrás, habrá que seguir adelante hasta llegar al día de hoy. 23 de mayo de 2013, nos merecemos un descanso… un descanso que no llegará hasta pasar los exámenes de selectividad, pero cuando acabemos, entonces sí que sí tendremos un verano bien merecido, que sin duda será el mejor verano de nuestra vida.

  En realidad, por un curso tan estresante que haya sido echaremos de menos esto. Echaremos de menos el instituto y sus festivales para celebrar cualquier cosa, a Jaime y su megáfono y echaremos de menos los documentales de Punset en Psicología, con esa música que tanto le gusta a Ángel. Echaremos de menos a Céar y los dioses griegos que tanto hemos traducido con Ana en el aula “Carpe Diem”. Nos acordaremos de Luis cada vez que oigamos hablar de la monarquía o de Molinero cada vez que veamos alguna obra del gran Giotto. Echaremos de menos el Magic Finger de Joaquín y sabremos gracias a Olga que después de la tempestado viene la calma, y no hay nada peor después de selectividad. Por último tenemos que agradecer a Ángel todo lo que todo lo que se ha preocupado por nosotros y pedirle perdón por la guerra que damos.

   También agradecemos a alguien que ya no está, pero que siempre estará con cada uno de sus alumnos, todo lo que hizo por nosotros y por este instituto. Y cuando alguien pregunte en el futuro quién fue Julio Pérez, nos sentiremos orgullosos de decir que fue el que hizo posible todo lo que disfrutamos cada día de lunes a viernes.

   Antes de acabar decir a nuestros propios compañeros que mucha suerte en vuestro futuro y que por desgracia, se nos ha acabado el chollo de ser los más mayores, porque el año que viene volveremos a ser unos novatos.



JÓVENES RIPENSES, EXMORADORES DEL IES PROFESOR JULIO PÉREZ, ALEA IACTA EST, LA SUERTE ESTÁ ECHADA.




lunes, 13 de mayo de 2013

¿Por qué no disfruté la vida?

   Hoy en día la televisión ocupa una parte sustancialmente importante en la vida cotidiana y social de las personas. Desgraciadamente, todos pasamos demasiado tiempo en compañía de este aparato.

   Nos levantamos por la mañana y vemos el telediario mientras desayunamos sin apenas saborear lo que comemos, pasamos todo el día fuera de casa estudiando o trabajando, volvemos y vemos alguna serie estúpida durante la comida, por la tarde algún programa donde observamos a gente gritándose unos a otros, y alguna otra serie policíaca con violencia y asesinatos antes de dormir. Si hay suerte y quedamos con algún amigo, probablemente vayamos al cine o veamos una película en casa, y el comentario al terminarla será toda la relación que tengamos con otras personas. 

   Debemos abandonar por un momento esa caja mágica que nos absorbe la vida y sustituye nuestras experiencias por experiencias virtuales. Salir a la calle, sentir cómo nos moja la lluvia o acariciar la hierba de un parque debería ser siempre real. No deberíamos ver esa preciosa velada romántica a través de una pantalla, sino llamar a esa persona especial y crear la nuestra.

   Algún día nos daremos cuenta de lo que estamos perdiendo. Algún día, estando sentados en el sofá, cuando ya no podamos salir a correr y saltar porque tengamos demasiados años encima, nos arrepentiremos y nos preguntaremos: ¿por qué no disfruté mi vida en vez de observar la de personajes ficticios en la pantalla de la televisión?

domingo, 5 de mayo de 2013

Feliz día de la Mamá

Esa mujer que te da la vida,
aquella que lucha por ti, 
esa que merece ser querida,
esa sin la que no puedes vivir.

La que dirige tus primeros pasos,
saca tus primeras sonrisas,
la que te ayuda a dar saltos,
la culpable de tu alegría.

Esa que aprende contigo,
que vive de cerca tu infancia,
esa de la que eres amigo
porque te saca de las malas rachas.

La que te ayuda a formarte,
aquella que cultiva tus logros,
y a costa de mucho besarte,
saca de tus pesadillas a los ogros.

Aquella que aunque te alejes,
nunca se irá de tu lado,
la que cruzará el mar para verte
porque eres "lo mejor que le ha pasado".

La que siempre te hará feliz
y aunque parezca que ya no está
siempre estará dentro de ti,
porque es la mejor mamá.