Me he despertado
y no sé hacia dónde mirar, todo a mí alrededor se ha vuelto oscuro, o ya lo
estaba, y yo solo imaginé la luz. Sea como fuere, todo es negro, pero, ¿acaso
no es el negro el resultado de todos los colores? En ese caso el negro sería
una buena señal, sería señal de que todo está bien, de que los colores siguen
en mi vida, que mi existencia sigue cargada de color. Pero no es así. Una cosa
es la teoría, la lógica, y otra es como yo me siento, y es que los sentimientos
no entienden de lógica. Y por mucho que el negro sea todos los colores, yo lo
siento oscuro, lo siento triste, desesperado, frustrado y sin esperanza. Eso
es. Sin esperanza, preferiría despertar y estar rodeado de verde. Habría sido
mucho más agradable que mis ojos hubieran visto verde al despertar, el verde el
bosque, de las hojas de los árboles, del césped con ese olor a hierba recién
cortada. El verde es el color de la esperanza, ¿no? Si al despertar hubiera
visto verde, no lucharían mis ojos por expulsar esas lágrimas que se mueren por
sacar y no pueden, es este maldito negro el que está acabando conmigo, es esta
oscuridad la que no me deja tener esperanza. Intento encontrar el verde en esta
mezcla de colores que es el negro, pero no hay manera, es una mezcla
inseparable, indivisible, al menos a mis ojos, unos ojos que no ven más allá
del negro después del negro. Ni siquiera es gris oscuro, ni siquiera el rojo
que ves cuando cierras los ojos pero al otro lado de tus párpados hay luz,
nada. Solo negro. Solo negro por todas partes. Supongo que hay que resignarse,
no hay esperanza, no hay nada a mi alrededor, no hay nada que ya pueda hacer,
la luz se ha ido para siempre. Supongo que solo me queda cerrar los ojos y
dormir para siempre, imaginando que mi ataúd es verde por dentro.
PALABRAS QUE VUELAN POR EL AIRE Y FOTOGRAFÍAS QUE OFRECE EL MOMENTO Palabras que salen de un bolígrafo destintado y van a parar a un cuaderno sin hojas, palabras que me susurra el viento y no puedo evitar escribirlas. Fotografías que salen de una cámara sin carrete y van a parar a un álbum sin páginas, fotografías que me da la vida y no puedo evitar tomarlas.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
lunes, 14 de diciembre de 2015
Los cinco protagonistas
El viaje de cada mañana. Una hora
en el metro que me lleva a mi destino de todos los días. Sin embargo, hoy es
distinto. Hoy no me acompaña él. No me acompaña quien hace que todos mis viajes
me suma en fantasía, que viva otra historia, una historia que no es la mía. Que
viva cosas que sueño y nunca viviré. No me acompaña el que me hace vivir la
vida de otros como si fuera mía.
Exacto, estoy hablando de un
preciado libro.
Hoy las palabras escritas no son
mi compañía, pero lo son otro tipo de palabras. En lugar de leer, hoy me coloco
los cascos en mis orejas, y en lugar de vivir la vida de seres ficticios a
través de unas páginas, observo la de las personas reales que están a mi
alrededor. Cientos de vidas que se cruzan conmigo, que entran y salen de los vagones,
que piensan en sus cosas, que solucionan problemas, que empiezan a tenerlos,
personas que hablan con sus seres queridos, otras que los echan de menos.
Personas que como yo otros días, no se enteran de lo que ocurre a su alrededor
porque, en realidad, están en otro mundo, el mundo de las palabras.
Y así, con “No hay nadie como tú”
como banda sonora, me fijo en diferentes personas que llaman mi atención.
Ese chico que está sentado en
frente de mí, ese chico que está con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en
la pared. Ese chico que solo abre los ojos cuando el metro frena y se despierta
de un micro sueño, aunque, en realidad, tampoco ha sido tan micro, al menos
desde fuera, ya que lleva 4 o 5 estaciones “durmiendo”. Es en este frenazo
cuando abre los ojos, nuestras miradas se encuentran, y yo aparto la vista. Por
dos cosas: la primera porque a nadie le gusta que le miren mientras se queda
dormido en el metro, lo hago por él; y la segunda, porque a nadie le gusta que
le pillen mirando a alguien en el metro; lo hago por mí.
Al apartar la vista del bello
durmiente me fijo en la chica que está a su lado, y me enamoro al instante de la
situación. Es el nuevo amor, el amor del siglo XXI: sonreír abiertamente
mientras miras una pantalla de teléfono. Lee, sonríe y escribe. Repite el
proceso varias veces, varias veces en las que yo me quedo embobada disfrutando
del amor que ella misma está sintiendo. Sé que es amor, no es una sonrisa de
que algo te hace gracia, o una sonrisa que le das a una amiga, es una sonrisa
de amor, y no me preguntéis cómo, pero eso se nota. Levanta la vista, y también
nuestras miradas se cruzan, la situación se repite, pero podemos disimular un
poco mejor, ya que ambas nos levantamos pues hemos llegado a nuestra estación.
Hoy voy con tiempo, subo andando
las escaleras mecánicas, las siguientes las subo parada, disfrutando del tiempo
que me sobra. Luego tengo que bajar unas escaleras de las de toda la vida, y es
aquí cuando me paro a observar a mi tercer protagonista. No dura mucho, puesto
que voy andando, la cosa pasa rápida, aunque aun así me parece que me da tiempo
a saber mucho de él.
Un hombre mayor, recorre el
pasillo, gira la esquina y se para, se para porque observa que las escaleras
que hay ante él no son mecánicas, y no hay opción de encontrarlas a no ser que
vaya al otro extremo del andén. Son unos segundos de reflexión: no sé si voy a
ser capaz de subirlas; venga va que solo son unos 10 o 15 escalones; pero es
que son demasiados y mis rodillas ya no están para estos trotes; tus rodillas
llevan 70 años funcionando, no se van a estropear ahora; pero no es solo eso,
cuando llegue arriba voy a estar jadeante; te vas atrofiar si dejas de caminar o
subir escaleras, son 70 años no 120; a los 120 es donde no voy a llegar; ¿y
quieres pasar el resto de años que te queden sin poder caminar de la mano de
tus nietos?; tienes razón, allá voy. Y así, en unos segundos de debate interno
veo como el hombre se agarra a la barandilla y empieza a subir las escaleras.
Es como si hubiera escuchado todos sus pensamientos, y continúo mi camino hasta
el final del andén con una sonrisa.
Me paro en el andén, en espera
del tren que me llevará a mi destino. Y sigo observando, buscando a mis siguientes
protagonistas.
Y ahí están, son una pareja pero
ellos no lo saben. Un chico y una chica, él muy alto o ella muy bajita. O quizá
las dos cosas. Él lee, ella escucha música, cada uno está en su mundo, no
piensan en el otro, no reparan en su presencia. No se dan cuenta de que están
de pie, parados al lado de alguien, no se dan cuenta de que desde en frente
hacen una pareja divertida. Él está sumido en las palabras, sostiene el libro
entre ambas manos pasando las páginas mientras lleva una mochila a la espalda.
Ella mira a todas partes sin ver nada en realidad, su mirada está perdida,
mueve los labios cantando la letra de la canción que escucha, a la vez que pone
el ritmo con el pie derecho. Ninguno se da cuenta de que los observo, esta vez
no hay cruce de miradas incómodas.
Entonces, sin haberlo visto ni
oído venir, aparece el tren, haciendo que mis dos últimos protagonistas
desaparezcan de mi vista. Haciendo que piense que, como dice la canción, no hay
nadie como tú.
sábado, 14 de noviembre de 2015
Pray for Paris
¿Qué hacemos? ¿Qué nos pasa? ¿Cuándo la radicalidad empezó a formar parte de nuestro día a día? ¿Cuándo el acto de matar inocentes se ha convertido en una extraña manera de "defender ideales"? ¿Cuándo, en pleno siglo XXI, un presidente decide cerrar las fronteras de un país aterrado por el dolor?
Ayer me acostaba a las 3 de la mañana viendo noticias sobre lo que todos hoy conocéis: nueva serie de atentados en Francia. Hoy me he despertado y todavía sigue aumentandoe el número de muertos. A cualquier persona le afectan unos acontecimientos así, y sentimos pena, lástima, frustración e impotencia por lo ocurrido en Francia, por todas las víctimas. Pensar en el gran número de heridos y fallecidos me pone los pelos de punta, pero más lo hace el hecho de pensar en ellos uno a uno. Pensar que eran personas como tú y como yo, que vivían un viernes por la noche saliendo a cenar, viendo un partido de fútbol, de fiesta o simplemente a pasear. Por todas esas personas con nombres y apellidos.
Por esa madre que ayer sobrevivió a su hija, una chica de 20 años que simplemente salía de fiesta un viernes más; por ese joven que se quedó en casa ayer y hoy ha despertado con 4 amigos menos; por ese matrimonio que salió a cenar después de una dura semana de trabajo y no volvió a casa con sus hijos; por esa pareja que celebraba su reconciliación dando un paseo bajo la noche parisina; por esa familia que disfrutaba de un partido de fútbol y que tendrán grabado un sonido terriblemente desagradable el resto de su vida; por esa primera cita que también fue la última; por ese abuelo que celebraba rodeado de sus nietos su 70 cumpleaños y que ya no cumplirá más; por esa madre embarazada que hoy ya no tendrá un hijo; por esa estudiante universitaria aprendiendo francés que hoy no responde a las llamadas de su familia; por ese padre que prometió a su hijo llevarle a París y que hoy no podrá prometerle nada más; por esos policías y militares que deseaban no ser necesarios; por esos médicos que han acudido al hospital en su día libre para ayudar con el desastre; por esa profesora que teme volver a clase y haber perdido a sus alumnos.
Por todos y cada uno de los seres humanos, porque aunque el número de muertos y heridos sea uno, el número de afectados es incontable.
No sé si escribir mitiga o empeora la situación, pero la impotencia lleva a cada uno a hacer lo que está al alcance de su mano, y ahora mismo, sólo podía transformar mis ojos llorosos en letras y palabras.
Unidos por París, unidos por un mundo mejor, unidos por la paz.
martes, 3 de noviembre de 2015
20 fases que pasas cuando enciendes el ordenador para hacer un trabajo
Todos los que hemos tenido que hacer algún trabajo para clase con el ordenador sabemos que lo que viene a continuación es cierto. Y no lo podemos evitar.
20.00h. Voy a encender el ordenador para empezar a trabajar.

20.02h. Bueno mientras se enciende voy a echar una partida al Candy Crush (o a cualquier juego de los que tengo en el móvil).

20.15h. Creo que ya se ha cargado, voy a ponerme a buscar información sobre el trabajo que tengo que hacer.

20.17h. Bueno ya que he abierto internet voy a mirar el correo, por si hay algo importante que necesite.

20.22h. No parece que haya nada importante, voy a abrir Facebook solo un momento y a y media me pongo.

20.30h. Veo este vídeo que solo son 4 minutos y ya luego empiezo.

20.34h. ¡Oh! Mira este enlace qué interesante, es de lo que estuve hablando con Fulanito ayer.

20.40h. Voy a mencionarlo en este vídeo que he visto y así ve que yo tenía razón.

20.43h. Anda, me ha contestado al WhatsApp, tengo que responder.

20.55h. Madre mía, este chico cómo me ha entretenido, le digo adiós y a las 21.00h me pongo, en serio.

21.05h. Venga que todavía si empiezo ahora me da tiempo a adelantar algo.

21.08h. Bueno voy a apagar el móvil un rato para evitar tentaciones y cuando acabe lo enciendo. Todavía me puede cundir antes de cenar.

21.15h. Joe si es que este trabajo que me han mandado es una mierda, no hay nada interesante que buscar sobre esto...

21.23h. A ver... ¿Por dónde puedo empezar? ¿Por dónde cojo este tema?

21.30h. Pffff... Una hora y media y solo he escrito la portada y mi nombre.

21.37h. Esto empieza a cansar, voy a encender el WhatsApp y pregunto a Menganito que cómo lo ha hecho él.

21.40h. Dios este móvil cada día tarda más en empezar a funcionar.

21.43h. ¡Oh! Una vida del Candy Crush, justo la que necesitaba para pasar de nivel.

21.50h. Buah, él tampoco tiene ni idea, mañana le decimos al profe que este trabajo no hay por dónde pillarlo.

22.00h. ¡Oh! ¡Las 10! A cenar, mañana ya me pongo en serio y lo empiezo y termino. Buena tarde la de hoy, mañana me cunde más :)

viernes, 30 de octubre de 2015
10 frases de "Ese instante de felicidad" de Federico Moccia
Este libro de Federico Moccia es de esos que te hace sentir algo más que ser protagonista, te hace sentir de verdad ese instante de felicidad.
1. "El amor son esos mensajes que no quieren decir nada pero que lo dicen todo, a los que no prestas atención cuando llegan a diario pero que se convierten en una obsesión cuando empiezan a faltar".

2. "Si todos estuviéramos enamorados este mundo sería precioso".

3. "Para salvar al mundo debes empezar salvando a las personas de una en una" decía el escritor Charles Bukowski.

4. "¡La mujer es soñadora y, ya puestos, sueña a lo grande!".

5. "¿Tan dificil es soltar un par de gilipolleces? Ellas son felices así... ¡pues hazlas felices, ¿no?! ¡Hazme caso, que despues tú también eres feliz!".

6. "Por dinero, todo se hace por dinero, hasta las putas son más honestas, al menos ellas no fingen lo que no son".

7. "Los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios" dijo citando Carlo Dossi.

8. "El amor te arrolla, no mira a nadie a la cara, te hace cometer locuras, te hace sentir feliz como ni siquiera podías imaginarte que podías serlo y después te hunde".

9. "A los amigos no hay que entenderlos, hay que aceptarlos".

Y por último os dejamos una de las últimas frases del libro, que describe esos instantes de felicidad que a veces no sabemos valorar en el momento, pero que, efectivamente, nos hacen felices por un instante, felices de verdad.
10. "Ese instante de felicidad es cuando hablas por teléfono y le estás contando qué tal te ha ido el día. Ella te pregunta: ¿dónde estás ahora?, y mientras tú se lo estás diciendo llega en el coche y te sonríe".

domingo, 25 de octubre de 2015
¿En qué momento dejamos atrás la inocencia y de repente crecemos?
¿En qué momento dejamos atrás la inocencia y de repente crecemos?
Aquí tenemos diferentes respuestas a una misma pregunta: ¿Cuáles son tus miedos?
- Niña de 10 años: mmmm bueno, tengo un poco de miedo a la oscuridad
- Niño de 12 años: mmm, (después de pensar un rato), la verdad que no se me ocurre nada a lo que tenga miedo
- Chica de 20 años: a morirme y a fracasar. Tengo miedo a algunas cosas más pero... todo se reduce al miedo a morir
- Chico de 32 años: a la muerte.
- Mujer de 88 años: tengo miedo de morirme. Porque dejo a todos mis hijos y nietos solos y yo ya no estaré. Aunque tengan su vida hecha tengo miedo de morirme porque pienso en ellos.
Y yo me pregunto cuándo ocurre esto, cuándo nuestros miedos dejan de ser la oscuridad y empieza a ser el miedo al fracaso, y sobre todo, el miedo a morir. En qué momento algo en nuestra cabeza hace click y dejamos de preocuparnos por las cosas que nos preocupaban de pequeños y comenzamos a preocuparnos por cosas que sabemos que tarde o temprano pasarán.
Dejemos de preocuparnos por el final y empecemos a preocuparnos por llegar a él habiendo sido felices y con una sonrisa.
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