jueves, 16 de febrero de 2017

Lo que el amor es y no es

El amor siempre está en los pequeños detalles. Está en una pareja que se da la mano mientras va en bici, un día cualquiera, un día porque sí, un día que no tiene nombre ni comercialización, un día que no necesita ser pregonado. Detalles que no necesitan ser anunciados, que no necesitan nada a cambio porque el amor es altruismo. 
Pareja demostrando amor en Mälmo, Suecia.
El amor está en las pequeñas cosas como una sorpresa de esa persona a la que creías que no ibas a ver; ver una película que no te gusta porque su sonrisa te gusta más; un abrazo que llena el vaso cuando lo veías medio vacío; un beso que te regala el mejor despertar. 
Pero el amor es mucho más que una fecha, un beso o una noche de sexo. El amor es también echar de menos, es pensar en esa persona de repente porque sí, es un mensaje de buenos días y es saber que cuando ese mensaje falta no ocurre nada ni se deja de amar. El amor es saber que somos libres, que lo pasamos bien el uno sin el otro, que puede haber secretos y eso no significa que no haya confianza; es saber que aunque te dé una mano puedo dejar la otra libre; el amor es saber que si te abrazo es de verdad y que puedo demostrarte que te quiero sin decirlo con palabras. El amor es volar juntos pero no es compartir las alas, el amor es ayudar al otro a volar más alto; el amor es ponerle alas a sus sueños sin descuidar el cuidado de los nuestros.

El amor es aquello invisible que solo se ve cuando ya no está.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Por primera vez

Sólo con el roce de sus labios escaparon todas mis dudas. Habíamos quedado en ir a su casa, estaba bastante nerviosa, nunca había hecho nada como aquello. Cenamos hablando y riendo y nos sentamos luego en el salón a continuar la velada. Cada vez estábamos más cerca, y sus ojos me miraban deseosos. Cuando por fin se decidió a besarme, todas mis dudas, complejos o preocupaciones desaparecieron. Ni siquiera existían los estereotipos. Mi mente no sabía cómo funcionaba aquello, y mi cuerpo intentaba seguir el instinto. Sin embargo, su mente y cuerpo eran uno, me guiaban con ternura y pasión al mismo tiempo. Yo ardía en deseo, un deseo que no había experimentado nunca antes, algo distinto, por fin me encontraba a mí misma. Yo respondía a todo lo que su cuerpo preguntaba, al igual que el suyo respondía a la torpeza del mío. Me hizo recostarme en el sofá, poniéndose encima de mí, haciendo que mi temperatura corporal subiera desmesuradamente, qué importaba entonces que fuera invierno, en esa habitación el frío no cabía entre las llamas que irradiaban nuestros cuerpos. Me quitó la camiseta, dejándome en sujetador, acariciándome todo el abdomen con una delicadeza asombrosa. Yo acariciaba su cuerpo también, su piel suave, por debajo de su jersey, pero sin atreverme a quitárselo. Sus labios pronto se separaron de los míos, fueron bajando, pasando su lengua por mi cuello, dando besos en cada lunar por el que pasaba hasta llegar a mis pechos, desabrochó el sujetador con una habilidad increíble y agarró mis senos como nunca nadie había hecho antes. Los nervios desaparecieron, en mí ya solo había hueco para el deseo. Quité su jersey con decisión, le desabroché el sujetador y toqué por primera vez, el pecho otra mujer.


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viernes, 25 de noviembre de 2016

Un poco de poesía

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;


no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;


huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;


creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

-

Lope de Vega

jueves, 27 de octubre de 2016

Ahora me toca a mí

Si para mí fue importante no me quiero imaginar para ella. 

Ayer tuve una experiencia, un instante, apenas medio minuto, que ni siquiera sé cómo describir. Trabajo en una academia de inglés, dos horas al día. En el cambio de hora, dejamos a los niños con sus padres y entran los siguientes. Un cambio de turno que apenas dura 5 minutos para todos los grupos. Salgo a la puerta, como cada miércoles, con mi grupo de cuatro niños de 3 años, cuando voy por la segunda niña levanto la vista, y una cara muy familiar me saluda. En ese momento me bloqueo, salen los otros dos niños y yo tengo que irme con mi siguiente grupo, no puedo salir y saludar. Antes de que me vaya, nos sonreímos, y me dice:

— Ya eres profe, ¿eh?

Os parecerá una tontería, algo insignificante, pero, la persona que me decía esto, era la que una vez fue mi profesora. 

No fue solo lo que yo sentí en ese momento, fue más, fue algo mucho más allá. Fue lo que imagino que ella sintió, y fue el deseo de sentir lo mismo algún día. 

Yo sentí una gran satisfacción al darme cuenta que, de hecho, es verdad, soy profe, y he llegado donde quería. También me sentí orgullosa al poder demostrárselo a ella, y que viera que sí, que lo logré. Orgullosa de mí misma al darme cuenta de que ahora es ella la que confía en mí, la que pone en mis manos el futuro de su hija, la que me dio mi futuro para que yo ahora se lo dé a otros.

Esto es lo que sé que yo sentí, pero, ¿y ella? Algún día me gustaría estar en su lugar, ver a uno de mis alumnos llegar donde se propuso. Sentir que de todos los años que ese niño o niña pasó estudiando, diciendo lo que quería ser de mayor, luchando por ello, de todo ese tiempo, una parte fue mía. Una parte, puede que insignificante o puede que crucial, pero una parte será mía, será mi granito de arena en esa persona.

Puede que para muchos no signifique nada lo que estoy diciendo, puede que penséis que es un poco exagerado... puede que tengáis razón. Pero, de todos modos, os deseo que alguna vez pase por vuestra existencia este exgerado sentimiento. 


viernes, 21 de octubre de 2016

El tiempo todo lo(cura)


Qué relativo y a la vez que necesario el tiempo. Para bien y para mal, pasan los segundos, minutos y horas y cuando te das cuenta se han convertido en días, semanas, meses e incluso años. A veces ha pasado tanto tiempo que ni te acuerdas del principio, de cómo empezó todo. Sin embargo, hay recuerdos y momentos en nuestra mente que no tienen fecha de caducidad, que no importa el tiempo que pase que van a estar ahí y los vas a revivir una y otra vez como si hubieran ocurrido ayer mismo. Luego te das cuenta que no, que ha llovido mucho después de ese instante que viviste hace años, pero no importa, el tiempo es relativo.

"Ahora", eso es lo que importa, el presente es lo que estás viviendo, y aunque los recuerdos te persigan y asalten tu mente de vez en cuando, carpe diem, o eso es lo que dicen. El tiempo empieza a contar desde ya, desde que, de repente, alguien te dice que necesita tiempo, que le cuesta estar contigo, que ya nada es lo mismo. Vaya, otra habilidad asombrosa del tiempo, cambiar radicalmente sentimientos de años en cuestión de minutos. 

¿Y ahora? Ahora toca esperar, como casi siempre que algo tiene que ver con el tiempo, implica espera, implica paciencia, implica comprensión, respeto y ese amor forjado a base de acumular horas y días. El tiempo que tiene que pasar trae consigo esperanza, pero también trae consigo latigazos de realidad: briznas verdes de que todo pasará y golpes de saber que nada será igual; caricias de imágenes en las que los dos volvéis a sonreír y dolor de pensar en la última expresión que viste reflejada en sus ojos.

Si hay algo que sabemos a ciencia cierta, es que los sentimientos, como la energía, ni se crean ni se destruyen, solo se transforman. Puede que el tiempo sea capaz de cambiar lo que sentimos, pero igual que no puede crearlo, nunca será capaz de eliminarlo.

La persistencia de la memoria (Salvador Dalí)

jueves, 1 de septiembre de 2016

Odio al odio.

Solo malas contestaciones, solo querer estar sola, solo no saber qué hacer o qué decir, solo aburrimiento, solo frustración. Solo la parte mala. Y es que hay días que solo sale la parte mala, solo lo peor de ti y no hay manera de verlo con otros ojos, por más que lo intentes, por más que intentes hacer que la luz ilumine un poco, te empeñas en apagarla continuamente. Puede ser algo insignificante lo que lo desate, o peor todavía, puedes no saber qué desata la furia que llevas dentro. No saber por qué nada te importa, nada quieres hacer y nada quieres escuchar. No saber por qué has contestado así de mal a tu madre o no has hecho caso a tu padre, no saber por qué llevas horas en tu habitación sin hacer nada pero pensando todo. No saber por qué has hecho de tu día un día de mierda y por qué has hecho que esa persona que te importa aguante lo peor de ti y aún así te diga "no pasa nada". Sabes que no se lo merece, te odias a ti misma por decir cosas que has dicho o hacer cosas que has hecho, solo por un impulso, solo por una razón (probablemente) estúpida que te ha hecho hoy ser solo tu lado malo. No la sonrisa, no la alegría, no los te quiero, no las carcajadas, no nada bueno. Solo lo malo.

Y sin embargo, esto es lo que nos hace humanos... 


 ¿Verdad?

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